Todavia cuando recuerdo la situación noto como mi pene se endurece y comienza a lubricarse al recordar con lujuria el placer que sentí aquel dia con mi mujer en el baño.Fué despues de cenar, yo estaba viendo la televisión, en un momento dado me levanté y al pasar frente al cuarto de baño la ví depilándose las cejas. Estaba linda de verdad, como era verano tan solo llevaba puesto una camisola de raso blanca que le llegaba justita para poder tapar su expléndido culito. Me paré a ver tan linda imagen, sus pechos se marcaban perfectamente debajo de la tela, sus pezones se marcaban también a través de ella probablemente excitados por el roce del raso. Como estaba inclinada hacia delante para verse mejor en el espejo su culito se dejaba entrever sutilmente, y fué en ese momento cuando ocurrió. Las pinzas se le escaparón y cayeron al suelo. Ella se agachó a recogerlas y entonces una imagen que no se me olvidará se me presentó ante mis ojos. Sus largas piernas me llevaron directamente a descubrir su coñito perfectamente dibujado y parecía estar llamándome. Lucía , que así se llama ella, no era muy dada a las exibiciones y eso me excitó aún más. Al incorporarse, me vió, no se sorprendió y me lanzó una sujerente mirada junto a su dulce sonrisa, sabía lo que había visto y lo mucho que me había gustado. No dijo nada y siguió a lo suyo.
No lo dudé, me dirigí a mi habitación y me desnudé por completo. Mi polla estaba dura como hacía tiempo, y en ese instante recordé que tenía una viagra que un amigo me había regalado meses antes en una fiesta a la que acudimos y que al final no usé. Sin dudarlo me la tragué y me fuí haca ella.
Al ponerme tras ella y meter mi sexo entre la raja de su culito la ví en el espejo entrecerrar sus ojitos, complacida por el calorcito y la dureza de mi polla.
Realmente me estremecí al acariciar su cuerpo sobre su camisola de raso, y a ella se le notaba que la presión sanguínea se le estaba disparando. Sabia que iba a ser follada allí mismo, eso le excitaba sobremanera, y eso que no sabía todavía que mi arma tenia más munición de lo normal y que sus orgasmos serían varios.
Mis manos empezaron a acariciar su cintura y se deslizaron bajo su ropa cojiendo sus tetas firmemente desde abajo y acariciando sus pezones con los dedos suavemente. Estos se pusieron duros como piedras en pocos momentos.
Los dos estabamos notando en nuestro silencio contenido los latidos cada vez más poderosos de nuestros corazones.
Mientras, por la zona inferior, mi pene estaba totalmente empapado de mi liquido lubricante por lo que se deslizaba suavemente por la raja de su lindo culito. Una de las ocasiones en que dirigí mi mirada al espejo mientras le besaba el cuello, vi que no dejaba de mirarme entrecerrando sus ojos y en ese momento me empujó con su culito hacia atrás y se inclinó mucho más sobre el lavabo. Estaba claro, me estaba invitando a que le penetrara y eso me excitó aún más. Pero me contuve, era todo demasiado excitante como para adelantar acontecimientos, en lugar de ello me senté bajo sus piernas y me acerqué su coñito a mis labios y lamí suavemente sus bragitas de gasa blanca semitransparente, no pude mojarlas porque ya estaban empapadas, sus flujos vajinales ya se habían encargado de ello. Su coñito estaba suave, calentito y húmedo, su olor era fascinantemente agradable (cosa de las feromonas). Pronto me entregué al arte de lamer su clitoris, primero sobre sus braguitas, haciendo que se marcara perfectamente la forma de su rajita. Notaba como de vez en cuando se estremecía . Poco a poco iba lamiento entre sus muslos y pasando mi lengua por dentro de sus bragas ya totalmente mojadas. Como una semana antes se había depilado al estilo “brasileña” a mi lengua le fué muy fácil seguir hacia su coñito. Pronto lo logré y al introducirla desde abajo hasta su clítoris mi lengua quedo empapada por su flujo. Lo saboreé y disfruté como un loco, no se cuanto tiempo estuve allí sentado lamiendo y lamiendo su clítoris, cada vez más duro, cada vez más aprisionado entre sus piernas, cada vez más seguro por los gemidos de Lucía de que su orgasmo estaba cerca, cerca, muy cerca. De pronto lo sentí, un estremecimiento generál la recorrió, su vagina se desbordó de flujo, era evidente , se estaba corriendo. Pero no solo eso, de pronto noté como un líquido caliente mojaba mi cara al principio no me dí cuenta pero pronto reconocí que se estaba orinando del tremendo placer que estaba sintiendo, yo no me lo creía del todo y estuve a punto de correrme del gusto, no fué mucho pero lo suficiente para que ella se ruborizara. Cuando se calmó un poco me hizo subir y cogiéndome la cabeza empezó a besarme y alamerme toda la cara. Era una señal de agradecimiento por haberla hecho sentir tanto placer. Fué un momento mágico de complicidad entre los dos.
En ese momento reconocí en su mirada su permiso para que hiciera con ella todo lo que deseara.
Mientras esto ocurría mi polla estaba pegada a su coñito entre su braguitas y su piel. Ella no hacía más que moverse para sentir mi glande rozando su clítoris.
Suavemente la puse como al principio y separando su tanga de la raja de su culo dirigí mi polla hacia su vagina. Decir que entró suave sería casi mentir porque casi ni se notaba de lo lubricada que estaba. Una y otra vez entraba y salia de su cálida cueva, pasado un rato de entradas y salidas, noté que volvía a excitarse sobre manera, era lógico porque ya venía de un orgasmo y porque yo jugaba a metérsela hasta el fondo, sacarla y dejarla fuera, ella se quedaba esperando y luego por sorpresa la notaba entrando como un misil hasta el fondo. Estando en ello, y entre gemidos cada vez más intensos ella alargó la mano buscando algo en uno de los cajones entreabiertos del mueble del baño. Pronto supe lo que buscaba, en su mano llevaba un tubo de vaselina líquida, me quedé sorprendido por lo que esto significaba... ¡queria que le follara su culito! , eso no me lo esperaba. En todo el tiempo que llevabamos juntos yo lo había intentado en varias ocasiones pero ella no estaba dispuesta, y yo sabía que esta práctica sexual se debe hacer con cariño suavidad y por supuesto con su complaciencia. Y ahora se estaba entregando a mí. La besé profundamente, tan profundamente que parecía querer llegar hasta su alma, pero es que la quiero, la quiero muchísimo.
Le cogí la mano con el tubo y la llevé hasta su culito fuimos bajando hasta su ano y cuando estuvo perfectamente encarado el tubito enpujé suavemente su mano varias veces hasta que noté que la boca del recipiente había traspasado su ano, entonces apreté su mano y esta a su vez lo hizo sobre el tubo de vaselina. Sus ojos se entrecerraron al sentir como entraba el suave líquido en su culito. Sacamos el tubo y entonces le cogí su mano y cogiendo yo el tubo lo apreté sobre la palma de su mano, ella lo entendió al instante y cogiendo mi pene con la otra mano empezó a embadurnarlo con una delicadeza suprema que por poco hizo que me corriera en su mano. Luego se dió la vuelta y cerró los ojos. No quería que le viera en sus ojos el miedo que le producía esta práctica sexual, yo lo sabía y por ello la traté con la máxima suavidad y delicadeza, porque si queria que no fuera la última vez tenía que conseguir que le gustara. Dicho y hecho, dirigí mi endurecido pene hacia su culito mientras con mi otra mano acariciaba suavemente el capuchón de su clitoris para mantenerla excitada. Deposité la cabeza de mi polla sobre su ano y comencé a empujar suavemente, despacito, muy poquito a poco. Cada vez que entraba un poquito volvia a salir para que se relajara. De esta forma cada vez podía entrar un poquito más adentro. La vaselina hacía maravillas y pronto acabó por entrar la cabeza entera de mi polla. Entonces la saqué y quedé esperando, fué Lucía la que me empujó en señal de que no le había dolido y que le estaba gustando. Fuí cada vez entrando más y más en su culito hasta que la terminé por penetrar completamente. Supongo que debe ser esa excitante sensación de posesión la que me tuvo al borde del orgasmo varias veces, eso y ver que Lucía se lo estaba pasando en grande. Una vez había entrado toda mi polla en su culo empezó a tomar el mando de los movimientos moviendo sus caderas de un lado al otro con el fin de notar dentro de ella mi falo tan duro como una barra de acero. Se notaba que se había dado cuenta de todo lo que se había perdido hasta ahora. Estaba claro que en ese momento lo que quería no era suavidad si no algo de vigor en las penetraciones porque me había cogido con sus manos mi culo y aparte de clavarme sus uñas no hacía más que empujarme violentamente sobre ella mientras gemía de forma realmente escandalosa. Estaba clar que su segundo orgasmo se acercaba y poco le importaba ya que le oyeran los vecinos. A mí la verdad, era algo que me excitaba aún más.
Llegado este punto nuestras miradas se encontrarón en el espejo y en ese momento supremo ella se dió cuenta que no aguantaría mucho más. Y cierto es que ocurrió cuando de una forma super sensual y muy lentamente gesticuló con su boca sin emitir sonido lo siguiente... “correte cariño en mi culito, dame tu leche”. Fué instantáneo, no me pude contener, fue superior a mis fuerzas, un torrente de semen caliente inundó su culito. Durante unos segundos seguí bombeandole semen y ella dió un gemido de placer al sentir el chorro caliente de mi semen que le recorría por dentro.
Los dos estabamos exaustos y sudorosos y permanecimos unidos con mi pene dentro de su culito durante unos minutos. Supongo que ella esperaba que mi pene disminullera su tamaño enseguida, pero no ocurrió. Estaba claro que la viagra estaba haciendo su función.
Una vez recuperado de los espasmos del orgasmo, comencé a moverme dentro de ella y seguí acarciándole el capuchón de su clítoris. Se notaba que estaba que estaba sorprendidad y por eso me preguntó.. ¿quieres más, cariño?. No le contesté, en lugar de ello introduje dos dedos dentro de su vagina y los saqué totalmente empapados de sus flujos, en ese momento eran densos y olían a ella. Despacito los acerqué a su cara, ella los olió y entrecerró los ojos, mientras lentamente sacó su lengua y muy lentamente primero lamió mis dedos y después se los introdujo en su boca. Suavemente los sacaba y los metía en su boca siguiendo el mismo rítmo que le estaba infringiendo con mi polla en su culito. Lucia estaba realmente como loca de placer y una vez yo saqué mi pene de su ano ella cayó d erodillas entre mis piernas y comenzo a lamerme desde mis huevos hasta el glande de mi pene. Estaba desenfrenada y no dejaba de masturbarme mientras con su boca me hacía una increible felación. Yo estaba seguro que en esta ocasión no tardaría mucho en volver a correrme y no quería dejar de avisarla, porque para ella no era un sabor agradable. Por eso en una de las veces que introdujo la cabeza de mi pene en su boca, mientra que su lengua bailaba bajo mi glande, le cogí su cabeza y le dije .. “¡cariño, me corro, me corro otra vez..!. Sorprendentemente no partó su cabeza, en lugar de ello me miró y dijo... ¡quiero tu semen, dámelo cielo! .
¡Vaya noche!. Fué oir estas palabras y sentir un latigazo en mis testículos . Era inevitable, un nueva oleada de semen corría hacia Lucía.
Ella me contó después lo siguiente: “noté como tu pene se puso supertenso en mi boca y supe que te corrías en mi boca. En mi dedo pulgar de mi mano derecha con la que te masturbaba, noté como tu uretra se llenaba de tu semen. Te aseguro que no tuve la tentación de quitar mi boca, todo lo contrario estaba como en éxtasis, realmente deseando saborear tu semen. Deseaba saber si era cierto que las segundas eyaculaciones eran mucho más dulces que las primeras. Y te aseguro que es así . De pronto noté tu semen caliente volcándose sobre mi lengua. Solo fueron tres chorritos, pero fueron deliciosos, tanto que recuerdo que con mis dedos recorrí tu uretra para beberme todo tu semen”
Cuando terminó se levantó y después de mirarnos fijamente nos besamos apasionadamente y nos fuimos al dormitorio, juntos nos acurrucamos y nos quedamos dormidos.
Todo parecía calmado salvo mi pene donde la viagra seguía haciendo de las suyas... pero eso es otra historia que pronto os relataré.