Se denominan zonas erógenas a las partes del cuerpo con una sensibilidad aguda y particular que al ser estimuladas con un pequeño roce o una suave caricia transmiten al cerebro una sensación tan placentera y sensual como para despertar el deseo sexual y estimular la líbido de una persona.
Las zonas erógenas son determinados ¨rincones¨ o puntos del cuerpo humano que al ser estimulados hacen saltar la chispa de la excitación que hace que todo el cuerpo se vuelva receptivo a las caricias y a las relaciones sexuales. Dicho en otras palabras, las zonas erógenas funcionan como un botón que al ser pulsado transmite una especie de descarga nerviosa o alarma al cerebro que enciende las luces del deseo sexual, por esta razón es tan importante aprender a estimularlas correctamente y son la principal causa de la práctica de los juegos preliminares de la pareja.
Para poder identificar las zonas erógenas hay que tener en cuenta que las diferencias de género hacen que las zonas erógenas del hombre y de la mujer sean ligeramente diferentes, aunque ambos sexos tienen en común las zonas erógenas primarias, que son los genitales.
Las zonas erógenas femeninas o masculinas se pueden reconocer en lo que se conoce como el mapa erótico del cuerpo en el que se marca imaginariamente cada punto al cual aplicar una caricia, mordisco o lamida para aumentar la pasión y la voluptuosidad.
Cabe destacar que para cada persona el mapa erótico es dintinto y dependerá de la habilidad del amante en investigar centímetro a centímetro con caricias para descubrir cómo su pareja tiene codificado su propio mapa erótico.
Las zonas erógenas tanto del hombre como de la mujer se pueden estimular no solo con las manos sino también con el cabello o con los labios y la lengua, estos últimos se podría decir que son las mejores herramientas porque distinguen la variación de los estímulos a través de la percepción, y son sensores con la doble capacidad de dar placer y también recibirlo.